A esta hora de la noche intenté llamarte por infinita vez. Solo timbraba. No contestó nadie. No contestaste el correo electrónico. No llamaste. No hay sorpresas. No hay nada.
Un día como hoy tal vez hubiéramos salido, aunque sea, a caminar. A fumar un cigarrillo, beber alguna cerveza. O tal vez a algún lugar prohibido.
Nada de eso ha pasado.
He abierto mi celular más de mil veces a ver si hay algún mensaje, he contestado el fijo y nada. Ni rastro, ni sombra.
Hoy ya pasó. Y te olvidaste.
Sólo espero a una estrella a ver si se digna caer pronto sobre mi almohada.
No me juzgues al leer esto. Sé que soy culpable de las reacciones. Y no me quejo.
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